Estoy harto(a) de limpiar los platos sucios de mi compañero – 
No soy la persona de limpieza de la oficina | Diocese of Lansing

Estoy harto(a) de limpiar los platos sucios de mi compañero – 
No soy la persona de limpieza de la oficina

P: Uno de mis compañeros de trabajo siempre deja platos sucios en el mostrador o en el fregadero de nuestra cafetería. Tenemos un lavavajillas, pero nunca parece ser capaz de meter los platos en él. Estoy harto de recoger sus trastes después de que él los abandona, pero no soporto ver los platos después de un tiempo. ¿Cómo puedo atender este asunto?

R: Qué tal ofrecerle las opciones estándar de una tienda de comestibles: ¿papel o plástico?

Aquí hay cuatro opciones, partiendo de la peor:

1. Ofenderse El resentimiento es una práctica común en el lugar de trabajo. Somos demasiado miedosos para tratar directamente con percepciones de injusticias y demasiado mezquinos para pasarlas por alto. Así que hervimos a fuego lento nuestro sutil enojo hasta que burbujea en tres formas: QUEJA (¿Alguien ha visto al “sucio Samuel”?); VENGANZA (Lo siento, no recibí ese informe que necesitabas, Samuel. Tal vez mañana...); y la AUTOCOMPASION (Estoy harto de recoger... No puede soportar ver la suciedad...).

Parece que ese es su enfoque actual. No es divertido.

2. Superarlo  ¿Al final de su carrera, el problema del plato sucio estará entre los 10desafíos más grandes? Estás tratando con una molestia, de las cuales está llena la vida. Concedido, es de la de peor tipo – recurrente y segura – pero todavía sólo es una irritación al mediodía. A menos que su oficina este en el comedor, tienes cosas más importantes que atender. Respira hondo y entrégaselo al Dios.

3. Despersonalizarlo Recomiende que sea puesto un aviso en el fregadero indicando “LIMPIE SUS PLATOS”. La cortesía no puede ser legislada, pero una norma si puede ser impuesta. Lo que no aprendió de su madre puede ser requerido por su empleador.

4. Crezca a través de lo sucedido Su miedo a pequeños conflictos está limitándole como ser humano. A menos que Samuel sea propenso a ataques de ira y violencia, ¿por qué no simplemente pedirle que los limpie? Salga de su zona de comodidad y sea sincero. Si hace un hábito de esto, usted será un compañero de trabajo más saludable y feliz.

Usted también puede crecer espiritualmente. Cada irritación en la vida es una oportunidad de crecer en la virtud. Y la virtud es la clave para la felicidad y ser como Dios (San Gregorio de Niza). ¿Cómo lo hace? no lo sé. Pero sorprendentemente, el Señor, en su bondad, perfectamente organiza las dificultades de la vida para nuestro beneficio – para hacernos más santos. En todo Dios trabaja para el bien de aquellos que lo aman. (Romanos 8:28-29)

Así que si no cambia, usted puede hacerlo. Con la gracia de Dios, usted puede aprender a estar en paz con ese desorden o limpiarlo con una sonrisa. El Señor está con usted, y ama al dador alegre.

En cualquier caso, no puede perder.


Jim Berlucchi es el director ejecutivo del centro Spitzer, cuya misión es construir culturas de evangelización (www.spitzercenter.org).

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