No puedo soportar que mi jefe perjudique mi autoridad | Diocese of Lansing

No puedo soportar que mi jefe perjudique mi autoridad

P: Mi jefe me critica en frente de mis subordinados lo que hace que mi credibilidad como su supervisor se vea menospreciada. ¿Cómo puedo hacer para que esto ya no suceda?

R: Sugiérale algunos proverbios de la Escuela de Administración de Salomón:

  • Aquel que menosprecia a su prójimo (ó empleado) carece de sentido común. (Proverbios 11:12)
  • Palabras dulces ganan muchos amigos. (Eclesiástico 6:5)
  • El enojo del necio se conoce al instante. (Proverbios 12:16)

Bueno, tal vez sea mejor guardarnos estas recomendaciones por ahora y que le digas precisamente lo que usted señala en su pregunta. La crítica pública que usted recibe no sólo daña su credibilidad sino la de su jefe. ¿Cómo se mide el éxito de un gerente? A través del éxito de los supervisores que dirige y que a su vez depende del éxito de los subordinados de éstos y así sucesivamente en la línea de comando. Tenga por seguro que la verdad está de su lado o mejor dicho usted está del lado de la verdad. Resaltar la dignidad de la persona es una piedra angular de las relaciones humanas conforme al pensamiento católico. Y porque la Iglesia es la experta en humanidad, su enseñanza en esta área funciona en el ambiente laboral. Las personas son más productivas cuando son respetadas y se resienten cuando no lo son.

Aquel que habla sabiamente se abre camino con sus palabras. (Eclesiástico 20:27) Cuando hable con su jefe resalte los siguientes tres puntos. Dígale que usted está dispuesto a recibir críticas. Indíquele que usted corregirá sus errores (así lo presumo) y pídale que tenga la cortesía de amonestarlo en privado y no en público — por el bien de los empleados, el suyo y el de su jefe.

El mal hábito de su jefe lo señala. Un hombre acostumbrado a utilizar palabras insultantes nunca llegará a ser disciplinado. (Eclesiástico 23:15)  Probablemente reaccionará mal. Pero usted inteligentemente le habrá dado una justa oportunidad.

Si sus correcciones públicas persisten usted puede intentar un poco de jiujitsu sicológico. “Jefe le agradezco que me lo diga. Lo haré mejor la próxima vez”. Mientras más sinceras sean sus palabras, sus empleados observaran su capacidad de autocontrol y su humildad (la humildad es una virtud, no una debilidad) y esto hará que su imagen no se vea menoscabada.

Si sus ofensas persisten sus opciones son limitadas. Usted puede tolerar su torpeza y esperar por una reivindicación. Puede usted defenderse con dignidad. O puede usted presentar una queja al departamento de Recursos Humanos.

Sin embargo sea precavido, todas estas acciones requieren que usted sea precavido, astuto y prudente. Por sobre todo no caiga en la inacción — una fácil pero pobre elección que lo pondría a merced de las circunstancias.


Jim Berlucchi es el director ejecutivo del centro Spitzer, cuya misión es construir culturas de evangelización (www.spitzercenter.org).

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