Una hoja de ruta para nuestra vida en Cristo las bienaventuranzas, parte II | Diocese of Lansing

Una hoja de ruta para nuestra vida en Cristo las bienaventuranzas, parte II

En el sermón de la montaña, Jesús nos dio una hoja de ruta para ser sus fieles seguidores. ¿Cómo navegar mejor esta hoja de ruta? Aquí hay algunas pautas:

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Hambre y sed son poderosas circunstancias. Indican una necesidad que exige ser satisfecha. Son incesantes, llaman nuestra atención a través de la incomodidad y el dolor de forma continua y con una intensidad cada vez mayor. Y al final, el precio por no satisfacer el hambre y la sed es la muerte.

  Nuestras almas necesitan también el alimento espiritual y la bebida de la rectitud, si vamos a disfrutar de la vida eterna en comunión con Dios. En el Evangelio de Mateo, la justicia tiene que ver con la actividad salvadora de Dios. Para cumplir con toda justicia debemos someternos al plan de Dios para la salvación de la raza humana. Nuestro modelo de cómo debemos ser es, por supuesto, Jesucristo.

  Si hemos de tener la "misma mente, con el mismo amor, unidos en el corazón, pensando en un mismo propósito" (Fil 2:2) como Cristo, que es el modelo de las Bienaventuranzas, nosotros, también, debemos vaciarnos del falso ego, ese sentido de identidad que se gloría en la separación de Dios.

  Es sólo cuando estamos "bien" con Dios, es decir, cuando buscamos hacer sólo la voluntad de Dios, que el deseo por nuestro mayor bien, que es la voluntad de Dios, surge de nuestro ser más profundo y se apodera de nosotros.

Bienaventurados los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

La misericordia sólo es concebible cuando existe una relación en la cual una parte tiene poder sobre otra. Y, como cristianos, estamos llamados a ser misericordiosos en nuestro propio ejercicio del poder – pero ¿qué significa esto realmente?

  A lo largo de nuestra tradición, uno de los atributos que se ha asignado a Dios es la omnipotencia (ser todopoderoso). Leemos en el antiguo testamento cómo los profetas se acercaron a menudo a la divinidad con temor y temblor en respeto a este poder. De hecho, tan grande es el poder de Dios que cuando Moisés pidió ver la gloria del Señor, Dios respondió, "Yo haré que toda mi belleza pase delante de ti. ... Pero mi rostro no lo podrás ver, porque nadie lo puede ver y seguir vivo". (Éxodo 33:19-20)

  Una implicancia sería que, a fin de que podamos existir, Dios debe retenernos o protegernos de la energía pura de su ser – de lo contrario, nos consumiría. De esta manera, estamos en la misericordia de Dios, Dios tiene todo el poder. Que Dios ejerce este poder restringiéndose en lugar de afirmándolo puede parecer contradictorio o peculiar al pensamiento mundano. Sin embargo, es precisamente la clave para enseñar el espíritu adecuado y el uso del poder para los cristianos.

  En Cristo, Dios decidió no sólo ejercer su poder restringiéndolo para que podamos tener vida, sino que Dios se despojó a sí mismo y se sometió a muerte para que tengamos vida más plenamente con Él. Este es el último bien. Por tanto, como cristianos, debemos seguir este ejemplo en nuestras propias vidas y en todas nuestras relaciones donde tenemos alguna medida de poder, ya sea físico, emocional, político, económico o social. Sin embargo, esto sólo es posible si tenemos en el centro de nuestras vidas a Dios y no a nosotros mismos.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

    En ediciones anteriores aprendimos, como San Pablo nos dice en Romanos 10, que la fe viene por el oír la palabra de Dios. Una vez que escuchamos la palabra de Dios, entonces debemos creer en la palabra. Porque por creer, como enseña San Agustín, es que somos hechos obedientes a Dios; siendo obedientes (del latín " escuchar ") a Dios, vivimos una buena vida; por una buena vida, obtenemos pureza de corazón, y con un corazón puro, entendemos las cosas que creemos. Y " la promesa de ver a Dios sobrepasa todo bienaventuranza... En la Escritura, ver es poseer... El que ve a Dios obtiene todos los bienes que se pueden concebir”.
    Esto significa que este bien, el más grande de todos los bienes, el ver a Dios sólo es posible si somos de la " misma mente, tenemos el mismo amor, estamos unidos en un mismo corazón y tenemos un mismo propósito " con Dios, es decir, debemos estar en comunión. Esta comunión es posible sólo a través de nuestra obediencia a los mandamientos.
-
Citas del Catecismo (1691-1729, 2548), salvo que se indique lo contrario.

Cuestionario de Catecismo
La fe
, la esperanza y la caridad son conocidas como...

a. las virtudes humanas
b. las virtudes teologales
c. las virtudes cardinales
d. las virtudes eclesiales
Respuesta: (b) las virtudes teologales. Las virtudes teologales son la base de la actividad moral cristiana. Hay tres: fe, esperanza y caridad. (CIC 1813)

Aspectos destacados del Vaticano II
El Arzobispo Gregory Aymond de Nueva Orleans, presidente de la Comisión Episcopal de Estados Unidos para el Culto Divino, ofreció algunos de los aspectos más destacados del documento Sacrosanctum Concilium en un artículo en inglés que traducido se titula "10 maneras en que el Vaticano II da forma a la Iglesia de hoy", de la USCCB:
Llama a la Eucaristía fuente y cumbre de la fe. En la Eucaristía, los católicos se encuentran con la persona de Jesucristo.
Reformó la liturgia de la misa, pidiendo "la participación plena y activa" de los laicos, lo que produjo la traducción de la misa a la lengua vernácula o idioma local.

Arzobispo Gregory Aymond: Presidente de la Comisión Episcopal de Estados Unidos para el Culto Divino

Doug Culp es el CAO y el secretario para la vida pastoral de la Diócesis de Lexington, Kentucky. Tiene una maestría en teología de la Catholic Theological Union en Chicago.

parish staff directory

Catholic Event Finder

Mobile Directory

Mass Times

FAITH Magazine

Outreach Mass