No tengan miedo: Santa Hildegarda de Bingen | Diocese of Lansing

No tengan miedo: Santa Hildegarda de Bingen

Santa Hildegarda de Bingen | Día de fiesta: 17 de septiembre

Las vidas de los santos son tan instructivas, en parte, porque enseñan de manera a menudo muy viva las verdades básicas de la voluntad de Dios para nosotros. La vida de Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179) no es una excepción.

Santa Hildegarda fue una abadesa benedictina en Alemania. Aunque ella nunca ha sido canonizada formalmente, ella fue declarada doctora de la Iglesia por el Papa Benedicto XVI en 2012. Ella fue una de las primeras grandes místicas alemanas y una mujer "renacentista". Ella produjo 69 composiciones musicales; escribió 400 cartas a los papas, emperadores, abades y abadesas; fue autora de dos volúmenes de material sobre medicina y curas naturales; inventó un lenguaje; escribió el comentario del Evangelio y hagiografía; produjo tres volúmenes de visionaria teología; y compuso tal vez la más antigua obra de moral que haya llegado hasta nuestros días, Ordo Virtutum (Obra de las virtudes).

Al mismo tiempo, su historia se distingue como una dramática exhortación a confiar en Dios y a perseverar valientemente en hacer su voluntad, incluso frente a la oposición. Por ejemplo, en 1136, Santa Hildegarda fue elegida para liderar la comunidad del monasterio. Se sintió obligada por Dios a mudar el monasterio de una bien establecida construcción en piedra a una edificación temporal más empobrecida. Sin embargo, el Abad, bajo cuya autoridad el monasterio estaba funcionado, se opuso a la mudanza.

Santa Hildegarda fue víctima de una enfermedad que la paralizó. Nadie podía moverla, incluyendo el Abad. Santa Hildegarda atribuyó la condición a la infelicidad de Dios debido a que no se estaba siguiendo su voluntad en cuanto a la mudanza del monasterio. El Abad cedió y dio su permiso para la mudanza, y ella se recuperó poco después.

En otro momento, Santa Hildegarda vaciló en obedecer la directiva de Dios, con consecuencias igualmente graves. Ella recibió visiones a lo largo de su vida y siempre había sido cuidadosa en de compartirlas con los demás. A los 42 años, sin embargo, ella recibió una visión en la cual Dios la instruyó a escribir todo lo que viera o escuchara. Cuando ella no hizo esto por miedo, se volvió a enfermar físicamente hasta que ella cumplió con lo instruido.

Al final, su salud física estuvo atada directamente a su voluntad de "no tener miedo" cuando se trataba de obedecer la voluntad de Dios. Esa es una lección que todos haríamos bien en aprender – y vivir.

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