No hay amor más grande: San Maximiliano Kolbe | Diocese of Lansing

No hay amor más grande: San Maximiliano Kolbe

San Maximiliano Kolbe | Fiesta: 14 de agosto

El Catecismo de la Iglesia Católica describe la caridad como la virtud teologal recibida gratuitamente por la cual “amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos” (1822). En otras palabras, la caridad es a la vez el nuevo mandamiento y la virtud por la cual guardamos los mandamientos que Cristo nos dio. Es la mayor de las virtudes, ya que nos dispone a participar más íntimamente en la vida de Dios, que es el amor mismo.

La vida de San Maximiliano Kolbe (1894-1941) se erige como un testimonio innegable de la disposición a sacrificarse por el bien del otro. Fue declarado mártir de la caridad por el Santo Papa Juan Pablo II en 1982. San Maximiliano dio su vida viviendo y compartiendo la Buena Noticia.

Nacido en Polonia, contrajo tuberculosis tempranamente y a pesar de que se mantuvo débil durante el resto de su vida, se hizo franciscano, obtuvo dos doctorados y fundó numerosas entidades.

Por ejemplo, fundó el Movimiento Inmaculada dedicado a la Virgen para promover la conversión de los pecadores y de los enemigos de la Iglesia. Para apoyar al movimiento, San Maximiliano estableció un periódico, una revista, una comunidad de 800 hombres en Polonia, una estación de radio, un seminario y un monasterio en Japón.

Quizás su mayor acto de caridad tuvo lugar en el campo de concentración nazi de Auschwitz. En 1941, fue arrestado por segunda vez por las fuerzas de ocupación nazi en Polonia y enviado a ese campo. Cuando un preso se escapó del campo, los nazis en represalia escogieron a 10 hombres para que murieran de hambre en un búnker subterráneo.

San Maximiliano no fue elegido, pero cuando uno de los hombres gritó llamando a su esposa e hijos, se ofreció como voluntario para tomar su lugar. Él fue último de los hombres en morir. San Maximiliano soportó dos semanas de hambre y sed. Finalmente; los guardias le dieron una inyección letal para que pudieran vaciar el búnker. A pesar de todo esto, el santo fue descrito como tranquilo, orante y alentador de los demás. Al final de su vida, llevó las exigencias de la caridad más allá de dar voluntariamente la vida por un amigo, pues de hecho, él la dio por un extraño.

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