Ser humilde: San Juan de la Cruz | Diocese of Lansing

Ser humilde: San Juan de la Cruz

Festividad: 14 de diciembre

San Juan de la Cruz, tuvo como nombre de pila Juan de Yepes Álvarez, (24 de junio, 1542–14 de diciembre, 1591) ostenta el título de Doctor de la Iglesia. Fue un fraile y sacerdote Carmelita, era místico, y una gran figura de la Contrarreforma. Sus escritos y poesía, incluyendo Subida al Monte Carmelo, La noche oscura del alma y Cántico espiritual, son consideradas la cumbre de la literatura mística española.

También fundó los Carmelitas Descalzos con Santa Teresa de Ávila. Fue un intento de reformar la orden Carmelita a través de un regresar a una vida de oración. Sin embargo, muchos en la orden se sintieron amenazados. Esto condujo al secuestro y encarcelamiento de San Juan. Pasó nueve meses en una pequeña celda, tiempo durante el cual también fue golpeado tres veces por semana. Fue durante este tiempo oscuro que escribió gran parte de su poesía mística.

Tras escapar, pasó su vida compartiendo y explicando su experiencia del amor de Dios. En lugar de ira y resentimiento, su encarcelamiento y el severo trato recibido hicieron que el místico dijera, "Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor."

San Juan de la Cruz también proporciona consejos inestimables a quienes están dispuestos a recorrer el camino a la santidad en sus obras clásicas. En La noche oscura del alma, hace referencia a ciertas "imperfecciones espirituales" que "principiantes" tienen a menudo en relación con el pecado capital de la soberbia. Por ejemplo, escribe que los principiantes normalmente se consideran fervorosos y diligentes en las devociones y las cosas espirituales. Esta percepción puede conducirles a una forma secreta de orgullo o vanagloria, lo que "podría llevarles a tener cierto grado de satisfacción con sus trabajos y con ellos mismos".

¿Cuáles son las señales que indican que podríamos estar cayendo presas de la soberbia espiritual? Un signo seguro es cuando evitamos directores espirituales u otras autoridades espirituales que no nos conceden una aprobación incondicional a nuestras experiencias espirituales, a nuestras actitudes y comportamientos. Otros indicadores o señales, según San Juan, son un estado de ansiedad que surge de la falsa necesidad de dar evidencia externa de la espiritualidad y la devoción, una tendencia a minimizar nuestras faltas, una tendencia a angustiarse demasiado por las fallas cometidas, como si uno ya fuese un santo.

La humildad, por supuesto, es la defensa y el antídoto contra la soberbia, ya sea espiritual o no. Ésta fluye del reconocimiento de que todo viene de Dios en beneficio para toda la humanidad. Es sólo a través de un vaciarse de uno mismo que podemos ver que lo imposible es posible sólo a través de Dios.

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