La celebración del misterio cristiano: Sacramentos de iniciación | Diocese of Lansing

La celebración del misterio cristiano: Sacramentos de iniciación

Jesucristo ha hecho posible que compartamos en la naturaleza divina al conformarnos  en Él por la gracia del Espíritu Santo impartida a nosotros a través de los sacramentos.

Esto es especialmente cierto en el caso de los sacramentos de iniciación cristiana: el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. En el bautismo, los fieles han nacido nuevamente; por la confirmación, se consolidan como fieles; y en la Eucaristía, los fieles son nutridos por el alimento de la vida eterna.

Bautismo

Este Sacramento es nombrado por su rito central, es decir, el bautizo (del griego "hundir" o "sumergir") del catecúmeno. Esta acción simboliza "el entierro de la persona en la muerte de Cristo, de la cual resucita por la resurrección con Él, como 'una nueva criatura'."

Prefigurado en el antiguo testamento, el  bautismo encuentra su cumplimiento en Jesús, quien dio esta misión a sus apóstoles: "Vayan, pues y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que les he mandado."(Mt. 28: 19-20)

La gracia del bautismo

Uno de los dos efectos principales del bautismo es la purificación de los pecados. "Por medio del bautismo todos los pecados son perdonados, el pecado original y todos los pecados personales, así como todo castigo por el pecado." En el bautismo, la persona verdaderamente renace con nada restante que podría impedir su entrada en el Reino de Dios. Sin embargo, siguen presentes las consecuencias temporales del pecado en los bautizados, "como el sufrimiento, la enfermedad, la muerte y esas debilidades inherentes a la vida como las debilidades de carácter, así como una inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia."

El otro efecto principal del bautismo es nacer nuevamente en el Espíritu Santo. El bautizado se convierte en una criatura nueva, "adoptado [hijo] de Dios, quién se ha convertido en un 'partícipe de la naturaleza divina', miembro de Cristo y coheredero con Él y un templo del Espíritu Santo." En el bautismo, el bautizado recibe la gracia de la justificación. Esta gracia permite a los bautizados "creer en Dios, esperar en él y amarlo mediante las virtudes teologales"; que dan a los bautizados "el poder para vivir y actuar bajo el impulso del Espíritu Santo a través de los dones del Espíritu Santo"; y permite al bautizado "crecer en bondad a través de las virtudes morales".

Confirmación

El Sacramento de la confirmación es "necesario para la plenitud de la gracia bautismal". En la confirmación, el bautizado es ungido con aceite (un signo de abundancia, alegría, limpieza, sanación y fuerza) y es así consagrado o marcado, con el sello del Espíritu Santo. Como Cristo fue marcado con el sello de su Padre, los cristianos están marcados con el sello del Espíritu Santo, que indica "nuestra total pertenencia a Cristo, nuestra inscripción en su servicio para siempre, así como la promesa de la protección divina en la gran juicio escatológico [fin de los tiempos]".

El principal efecto del Sacramento es la "efusión del Espíritu Santo tal como una vez fue concedida a los apóstoles en el día de Pentecostés". La Confirmación trae un incremento y profundización de la gracia bautismal. Nos une más firmemente a Cristo; aumenta los dones del Espíritu Santo y hace más perfecto nuestro vínculo con la iglesia; y nos da una "fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe con la palabra y la acción como verdaderos testigos de Cristo..."

La Eucaristía

El Sacramento de la Eucaristía (del griego "acción de gracias") completa la iniciación cristiana. La Eucaristía es "fuente y culmen de la vida cristiana". Los otros sacramentos, junto con todo el trabajo de la iglesia en sus ministerios, están ligados  y orientados hacia la Eucaristía. "La Eucaristía es el signo eficaz y la sublime causa de esa comunión de la vida divina y de la unidad del pueblo de Dios por la cual la iglesia se mantiene". En definitiva, la Eucaristía es la "totalidad y resumen de nuestra fe".

Presencia real de Cristo en la Eucaristía

Jesucristo está presente en la Iglesia de muchas maneras: en su Palabra, en la oración de la Iglesia, en los pobres, los enfermos, los encarcelados, en los sacramentos, en la misa y en la persona del Ministro. Al mismo tiempo, está especialmente presente en las especies eucarísticas, es decir, en el pan y el vino.

El conjunto de Cristo, es decir, su cuerpo y sangre junto con su alma y divinidad, esta "verdaderamente, realmente y substancialmente" contenido en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Esto significa que Cristo está presente en su totalidad cuando el pan y el vino se convierten en su cuerpo y su sangre a través del poder del Espíritu Santo.

Es importante reiterar que la Iglesia no utiliza este lenguaje para comunicar que Cristo está presente en las especies eucarísticas de manera meramente simbólica. El Concilio de Trento afirma claramente que "por la consagración del pan y el vino se realiza un cambio de la sustancia entera del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre."

Los frutos

El principal fruto del Sacramento de la Eucaristía o comunión, "es la íntima unión con Cristo Jesús." Esta comunión "conserva, incrementa y renueva la vida de la gracia recibida en el bautismo" que se perfecciona en la confirmación. Es, en efecto, el pan de vida que nutre y nos sostiene en la vida cristiana.

La Eucaristía nos compromete también con los pobres donde, otra vez, Cristo está presente. Finalmente, la Eucaristía es la prenda segura y la clara señal de "la gloria por venir". Cuando este "misterio se celebra, 'la obra de nuestra redención se lleva a cabo' y 'partimos el único pan que proporciona la medicina de la inmortalidad, el antídoto para la muerte y la comida que nos hace vivir para siempre en Jesucristo'."

 – Cita del Catecismo (1212-1405) a menos que se indique lo contrario. (En el documente en inglés)


Concurso de Catecismo

Los fieles están obligados a tomar parte en la Divina Liturgia los domingos y días festivos y a recibir la Eucaristía...

a. los domingos y días festivos

b. por lo menos una vez al mes

c. por lo menos una vez al año

d. diario

Respuesta: (c) por lo menos una vez al año, pero la iglesia alienta enérgicamente a los fieles a recibir la Eucaristía los domingos y días festivos, o aún más a menudo, incluso diario. CCC 1389

Una visión desde dentro del Concilio Vaticano II

El Arzobispo Thomas Morris (1914-1997) fue un profesor irlandés de teología en el Colegio San Patricio durante 18 años antes de ser nombrado arzobispo en 1960. El asistió al Concilio Vaticano II.

Sobre la aplicación del Concilio Vaticano II

 "Siento que, en muchos puntos, la aplicación de las decisiones del Concilio ha ido más allá del Concilio mismo. Creo que la implementación del Concilio ha sido muy desigual en todo el mundo. Mucho dependía de lo que estaba allí antes el concilio. No se cambia la práctica en una diócesis de una noche a la mañana porque ha habido un Concilio."

Sobre la interpretación del Vaticano II por teólogos

"En cuanto a la interpretación del Concilio, los teólogos son los que alientan las tendencias y desarrollan teorías y si no defienden lo esencial, lo esencial está en gran peligro.

Pero hoy los teólogos se han dividido bastante ellos mismos. En Estados Unidos, yo creo que algunos de los teólogos se han vendido en relación a los favoritos temas modernos de moralidad y el sexo, el aborto y el matrimonio."

– Extractos de una entrevista en 1992 por de RTÉ (emisora nacional radial y de televisión de Irlanda) corresponsal de asuntos religiosos Kieron Wood.


Doug Culp es el CAO y el Secretario para la vida pastoral de la diócesis de Lexington, Kentucky. Posee una maestría en teología de Catholic Theological Union en Chicago.

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