El Segundo Mandamiento | Diocese of Lansing

El Segundo Mandamiento

No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano

"Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra ustedes de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando Su voz y allegándote a Él". (Dt 30, 19-20)

El ritmo de la vida espiritual es como sigue: primero recibimos, y luego respondemos. No es sorprendente que los "10 mandamientos", o el Decálogo, sigan el mismo patrón. El regalo de los Diez Mandamientos "es el don de Dios mismo y su santa voluntad". En concreto, los "10 mandamientos" son las palabras de Dios que "señalan las condiciones de una vida liberada de la esclavitud del pecado". Nos muestran un camino de vida que resume y proclama la ley de Dios y que "hace explícita la respuesta de amor que cada persona está llamada a dar a su Dios".

El segundo regalo: No tomarás el nombre de Yahveh tu Dios en vano.

El “segundo mandamiento” se refiere al don del nombre de Dios y nos revela que este nombre es santo. Esta revelación es un acto de intimidad y confianza por parte de Dios al "decir su nombre a los que creen en él" en todo su misterio. Además, el segundo mandamiento nos revela que no sólo es el nombre sagrado de Dios, sino que cada uno de nuestros propios nombres también es sagrado.

La respuesta apropiada

En primer lugar, el nombre es "el icono de la persona" que exige respeto "como un signo de la dignidad de la persona que lo lleva". En consecuencia, la respuesta adecuada al don de recibir el nombre de Dios es la respuesta de respeto hacia él. Debido a que el nombre del Señor es santo, "no hay que abusar de su uso” [D]ebemos tenerlo en nuestras mentes y en silencio, tenerlo en amorosa adoración. No [vamos] a introducirlo en [nuestro] propio discurso excepto para bendecirle, alabarle y glorificarle".

El camino de vida

El segundo mandamiento nos enseña que el camino de la vida exige que audazmente confesemos nuestra fe, predicando y catequizando de una manera que refleje claramente "la adoración y el respeto por el nombre de nuestro Señor Jesucristo". Aún más, se nos enseña que al hacer promesas en nombre de Dios, en realidad estamos "involucrando el honor divino, la fidelidad, la veracidad y la autoridad" de Dios. Esto significa que tales promesas deben ser respetadas porque nuestro fracaso al mantenerlas desdice la dignidad de Dios, asociándole con una mentira.

El mandamiento requiere que rechacemos todos los juramentos falsos como un deber hacia Dios. Esto es porque Dios es la norma de toda verdad. En consecuencia, todo el lenguaje humano "está de acuerdo o en oposición a Dios que es la Verdad". Por esta razón, la forma de vida que nos presenta Cristo nos amonesta con lo siguiente: “También han oído que se dijo a los antepasados: ‘No juras falsamente, sino cumplirás tus juramentos al Señor’. Pero yo les digo: no juren de ninguna manera, ni por el cielo, porque es el trono de Dios... Antes bien, sea el hablar de ustedes: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’; porque lo que es más de esto, procede del maligno”. (Mt 5, 33-34, 37)

Esto no quiere decir que no podemos hacer un juramento "por graves y justas razones (por ejemplo, en la corte)". Lo que significa, sin embargo, que tales juramentos deben realizarse en la verdad y la justicia y nunca por cuestiones triviales o para reforzar una autoridad que está requiriendo injustamente el juramento.

El camino de la muerte

Por el contrario, el camino de la muerte se revela aún más por este mandamiento. El segundo mandamiento nos muestra que el camino de la muerte incluye una respuesta inadecuada al gran don de la revelación del santo nombre de Dios. Lo más grave, es que esta respuesta inadecuada constituye un acto de blasfemia. La blasfemia hace referencia a un acto de "proferir contra Dios – interiormente o externamente – palabras de odio, reproche o desafío; hablando mal de Dios; o en su defecto, faltándole el respeto, haciendo mal uso del nombre de Dios".

El delito de blasfemia se extiende también al ir contra de la Iglesia, los santos y las cosas sagradas. Además, este pecado grave incluye usar el nombre de Dios para "encubrir prácticas criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o quitarles la vida", ya que cada uno de estos tipos de actos pueda causar rechazo de la religión por parte de otros.

Mientras que la blasfemia es claramente el delito más grave contra el Segundo Mandamiento, hay otros peligros. Por ejemplo, los juramentos que hacen mal uso del nombre de Dios sin tener la intención de blasfemar y el uso mágico del nombre del Señor pueden llevarnos a la perdición y por lo tanto deben ser evitados.

- Las citas son del Catecismo (2059, 2083, y 2142 a 2159) a menos que se indique lo contrario.

Una pregunta sobre los Diez Mandamientos

La historia del peregrinaje de los israelitas de la esclavitud en Egipto a la Tierra Prometida cuenta con un gran elenco de personajes. Pon a prueba tus conocimientos de figuras bíblicas y el nombre de estas personas:

P: Era hijo primogénito de Moisés, cuyo nombre refleja la "extraña" sensación de su padre inmigrante.

R: Gersón (literalmente, "Yo soy un forastero en una tierra extranjera"). Lo representan arriba con su madre, Séfora, y su hermano, Eliezer. La imagen es de la Capilla Sixtina.

Los Diez Mandamientos y hechos geografía de la Biblia

El Mar Rojo - El Mar Rojo es una entrada del Océano Índico entre África y Asia, que ha jugado un papel importante en la navegación desde la antigüedad. Es el mar tropical más al norte del mundo, tiene una superficie aproximada de 450.000 kilómetros cuadrados y tiene más de 300 kilómetros de ancho en su punto más amplio. Tiene una profundidad máxima de 2.500 metros, pero su profundidad media es de 500 metros. Sin embargo, también hay plataformas poco profundas extensas que muestran muchas de las más de 1.000 especies de peces y 200 corales que se encuentran en el mar, algunos de los cuales tienen entre 5.000 y 7.000 años de antigüedad.

El Mar Rojo es famoso por ser asociado con el relato del Libro de Éxodo que narra cómo Moisés saca a los israelitas de la esclavitud a través del mar milagrosamente con el fin de escapar de sus perseguidores egipcios. En particular, esta asociación proviene de la traducción de la Septuaginta (griego) del libro de Éxodo. Allí el "Yam Suf" hebreo (que significa Mar de Cañas) es traducido al griego "Erythra Thalassa" (que significa Mar Rojo). Curiosamente, Yam Suf es el nombre para el Mar Rojo en el hebreo moderno.

¿Sabías?

El Mar Rojo es uno de los cuerpos de agua más salina en el mundo, debido a varios factores: 1) alta tasa de evaporación y precipitación muy pequeña; 2) la falta de ríos o arroyos significativos que desembocan en el mar; y 3) la relación limitada con el Océano Índico (y su baja salinidad de agua).


Doug Culp es el CAO y el secretario para la vida pastoral de la Diócesis de Lexington, Kentucky. Tiene una maestría en teología de la Catholic Theological Union en Chicago.

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