Desde el escritorio del párroco Junio 10, 2012 | Diocese of Lansing

Desde el escritorio del párroco Junio 10, 2012

Cristo, en su amor tan grande por nosotros se ¨derrama¨ sobre toda la naturaleza humana. En ella decide mantener su presencia en las humildes formas de vino y de pan. Instituida su presencia en la última cena, primera eucaristía, este banquete es una visión hacia el banquete eterno del cielo.

Las acciones de tomar, bendecir, partir y dar son las acciones de nuestro Señor Jesucristo que se repiten en cada misa. Después de la liturgia de la palabra el sacerdote toma el vino y el pan, los cuales representan a la comunidad, sus vidas, sus sueños y anhelos, para que adjunto a la consagración ellos también sea uno como miembros del Cuerpo de Cristo y sus vidas se purifiquen, se santifiquen, se consagren. La Eucaristía se hace visible entre nosotros y debería hacerse visible en la unión de la asamblea. La celebración eucarística no es una acción individual o privada. Es una acción pública y en grupo, donde se adora a un Dios en su palabra y en la Hostia. Por eso, todo lo que se hace durante la misa (la oración devota, la participación activa, el respeto por el lugar, el venir apropiadamente ataviado y demás) al igual que lo que no se hace (la negligencia de no mantener a los hijos en orden durante la misa, la falta de participación, el llegar tarde, el masticar durante la misa, la vestimenta o postura inadecuada en la banca) tienen un efecto en los demás. Toda acción debe estar dirigida a un Rey. Toda reverencia, alabanza y presencia completa es para reafirmar la dignidad y presencia de un Dios Todopoderoso en nuestra vida.

Necesitamos crecer, formarnos, evolucionar… Cuando tenemos logros de origen formativo, estamos adecuando nuestra naturaleza al conocimiento, a la sabiduría y a la verdad. La educación permite que la fe busque y encuentre conocimiento. La formación en todos los niveles y el obtener objetivos formativos abre la vida a la gracia de Dios. De esa forma le imitamos tomando nuestras vidas, bendiciéndolas con conocimiento, compartiéndolo con otros y dándonos para mejorar las vidas de os demás. Así se nos presenta el vestíbulo de cosas por venir: de un gozo eterno que nadie nos podrá arrebatar, de una paz profunda y de una valentía que nos permitirá hacer grandes cosas en el nombre del Señor. Recibamos la eucaristía con luz, con profundidad y convicción recordando que somos lo que comemos. Seamos eucaristía para los demás.

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