¿Cuál es la razón de preguntarle a Dios lo que queremos? | Diocese of Lansing

¿Cuál es la razón de preguntarle a Dios lo que queremos?

Querido Padre Joe: ¿Por qué le pedimos cosas a Dios? ¿No hace Él por nosotros lo que cree que nos conviene más?

¡Es una excelente pregunta! La respuesta nos puede ayudar a entender a Dios y su obra un poco mejor, así como a nosotros mismos. Profundicemos.

Lo primero que tenemos que establecer es que Dios quiere oír nuestras peticiones. Eso significa pedirle a Dios algo. Miremos a 1Timoteo 2:1:

“Les pido, primero que nada, que hagamos peticiones, oraciones, intercesiones y agradecimientos para todo el mundo...”

Hay muchos otros pasajes en los que se nos ordena a ofrecer nuestras peticiones: Marcos 13:33, Lucas 18:1, Efesios 6:18 y Romanos 12:12, claramente Dios quiere que le ofrezcamos nuestras necesidades y deseos.

Sin embargo, al mismo tiempo, entendemos que no siempre recibimos lo que pedimos, sabemos que a veces cuando le pedimos a Dios no sentimos que recibimos. ¿Entonces para qué pedir lo que queremos?

Espero que la primera parte de esto le dé al menos parte de la respuesta: Debemos hacerlo porque Dios lo dijo. Aunque sea por esta única razón, le ofrecemos a dios nuestras necesidades y peticiones porque Dios dijo que así lo hiciéramos. Sin embargo, dentro de esa idea hay una verdad más profunda que explorar.

Como lo es con todo, comienza con el amor de Dios. Como cualquier persona que ama, Dios quiere escuchar nuestra voz. Él desea que le abramos nuestros corazones, no porque no conoce ya nuestros corazones, sino porque cada vez que los revelamos nos ofrecemos libremente a Dios, lo cual es el regalo que Él desea.

Esto nos trae al «comodín» perpetuo del amor increíble e indulgente de Dios por nosotros. Él simplemente se consume de amor y afecto por nosotros. Jesús probó esto con su vida, muerte y resurrección. Dios, al parecer, puede persuadirse por nuestra hambre, heridas, fragilidad y nuestras súplicas de ayuda. Como un padre que dice “no comas dulces antes de la cena”, Dios parece estar más que dispuesto a darnos una Oreo Double-Stuf cuando su corazón se conmueve a hacerlo.

Al mismo tiempo, el amor de Dios por nosotros es, según dice la Escritura, “tan fuerte como la muerte, sus celos tan permanentes como la tumba. Quema como un fuego que arrasa.” (Cantar de los Cantares 8:6) Este amor es tan profundo y rico que apunta a una cosa solamente: Nuestra unión eterna con Él en el cielo. Debido a esto, Él nunca permitirá nada que disminuya la posibilidad de nuestra unión con Él.  En su amor puro y fehaciente él hasta puede permitirnos la experiencia del dolor temporal en anticipación de la alegría eterna. Vean esto:

“Mientras más creo que Dios sólo hiere para curar, menos podemos creer que vale la pena pedir por ternura. Un hombre cruel puede ser sobornado... ¿Pero supongamos que enfrentas a un cirujano cuyas intenciones son solamente buenas? Mientras más bondadoso y consciente sea, cortará de manera más inexorable. Si se entrega a nuestra súplica, si se detiene antes de terminar la operación, todo el dolor hasta ese momento sería en vano. (C.S. Lewis, Mere Christianity)

Ese mismo amor que nos llena de gozo también nos presenta el regalo y la posibilidad de la fe: ¿Creo que Dios es todo bueno y todo poderoso? Si es así, entonces cualquier petición que le ofrezco a Dios con lágrimas en los ojos también es una afirmación de entrega: “Dios, me amas y conoces mi dolor. Ayúdame a creer que estás a cargo de salvarme.”

Esta es realmente la raíz de esto: Más allá de la obediencia hay un llamado a la entrega y la confianza. Rezamos porque Dios lo dijo. Rezamos porque Dios puede, a veces, convencerse. Pero sobre todo, rezamos porque esto nos pone a nosotros y nuestras necesidades en la presencia de Amor en una manera asombrosa y mística. En esto, le permitimos usar esas circunstancias para acercarnos a Él y salvarnos.

Debido a la manera en que Dios existe, Él puede individualmente estar presente ante nosotros en todo momento. Cada oración, cada petición, cada corazón que clama a Dios es escuchado individualmente por un Dios que nos experimenta como la única cosa de la creación en todo momento de nuestra existencia.

¿Qué mejor podemos hacer que entregarle nuestras necesidades?

Disfruten de otro día en la presencia de Dios.


El Padre Joe Krupp es un sacerdote de la Diócesis de Lansing, Michigan. Contáctele en joeinblack@priest.com.

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